LO APRENDIDO


Quisiera hacer un balance de este año 2015.
Ha sido un año de mucho aprendizaje, de dolor, de perderme, de encontrarme, de soledad y de mucho calibrar. Ha sido un año duro, difícil y bastante emocional.
Un año en el que las palabras decepción, ansiedad, ilusión, desilusión, paciencia, dolor, felicidad, infeliz, llorar, reír, soñar, miedo, fuerza y fragilidad han estado muy presentes. Un año de altibajos, de lucha interna y de heridas profundas. Heridas que a día de hoy aun curo y están en proceso de cicatrización.

Pero no voy ha escribir sobre el dolor, lo fácil o lo difícil que fueron mis heridas, si no de lo que he aprendido de ellas.

Este año he aprendido que por mucho que quieras algo y luches por conseguirlo no siempre se consigue cuando tu crees. No digo que no se vaya a cumplir, si no que el cuando no se sabe. 
He aprendido que hay que vivir día a día, avanzando con el hoy, sin esperar a que ocurran las cosas, que no está en nuestras manos, no aparcarse la vida por nada. 
He aprendido que algo puede estar hoy pero mañana desaparecer, y hay que disfrutar de las cosas con calma y día a día sin mirar más allá. Pero disfrutarlas.
He aprendido que cada uno tiene su mochila de vivencias, que cada uno actúa como sabe, ha aprendido o puede, y que no hay que juzgar a nadie por su forma de hacer o actuar ante las cosas.
He aprendido que la decepción no es un buen camino y estoy trabajando para no decepcionarme por nadie y sobretodo no decepcionarme con la vida. Quizás este año haya sido la cosa más grande que he aprendido. Decepcionarse por alguien es injusto, porque significa que esperas algo de alguien que sin darme cuenta no daba ni yo, decepcionarse es esperar, y no hay nada que esperar de nadie ni siquiera de la vida. Porque las cosas son como son, por millones de circunstancias que no controlamos, y hay que aceptar como vienen, hay que aceptar como son y hay que aceptar los tiempos de cada uno o el tiempo de las cosas. Cuesta mucho entender que cuando quieres algo, y tu si sueles dar ese algo, los demás no respondan, pero igual de difícil es que esas personas sepan que necesitas ese algo sin tu decírselo. No podemos esperar que la gente sea adivina, ni que sepan darte lo que quieres, ni que incluso quieran darte nada. No hay que esperar nada de nadie, ni de la vida. Porque al no esperar todo lo que llegue por pequeño que sea serán regalos para tu vida, serán grandes sorpresas y seras más agradecido por ello, por no esperarlo.
He aprendido que no todo recae en mi, que el peso del mundo no puedo sostenerlo, que soy frágil y fuerte, ambas caben en mi. Que las cosas no serian diferentes si no hubieses, no hay un si hubiese, no existe, lo único que existe es el hoy, y hoy actuamos como sabemos o como la vida nos ha enseñado. Las cosas no tienen un por que  son lo que son y solo debemos mejorarnos, poner remedio y seguir avanzando.
He aprendido que hay que liberarse de la mochila, y no meterle más piedras. Que es bueno desahogarse, y que es muy sano juntarse y hablar desde el alma. 
He aprendido a aceptar las cosas como son, no por resignación, si no porque no sirve de nada luchar contra corriente, si la dirección de el rió es hacia abajo no podemos cambiar la naturaleza de las cosas, hay que avanzar y dejarse fluir.
He aprendido a no esperar que las cosas vengan, si no vivir mientras tanto. Vivir feliz sin ello y ya llegaran las cosas cuando tengan que venir, pues no esta en mi mano decidir el cuando.

Y en definitiva he aprendido a respirar, respirar bajo el agua si fuera preciso, a relajarme, a ver las cosas desde otro prisma. A pensar de otra forma, menos dañina, menos destructiva. A disfrutar de las cosas mas importantes, estar con la naturaleza, disfrutar de mi familia, de cada día como si no hubiese un mañana, y sin quererlo mi sonrisa ha vuelto, me miro al espejo y mi mirar es mas feliz, mi corazón late en calma y mi alma siente paz.

Adiós, debo seguir hacia adelante.


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